Palacete en La Quinta de Sierra Blanca

10,900,000 €

Descripción

La combinación de varios factores a través del tiempo hace que resulte difícil encontrar un modelo único de arquitectura tradicional andaluza, salvo que se consideren su diversidad como este rasgo distintivo, de hecho los distintos autores, no muy abundantes por cierto, que se aproximan al estudio o descripción de la arquitectura popular andaluza afirman la imposibilidad de definir un tipo de casa andaluza.

Sin embargo, dentro de las imágines tópicas sobre Andalucía si parece existir un arquetipo de una arquitectura definida por unos pocos, con sus constantes rasgos: el uso obsesivo de la cal, el contraste de su blancura con el color rojizo de las tejas árabes de las cubiertas, los patios, azulejos y flores como complementos ornamentales.

Los patios, la diversidad e importancia de las rejas como sistema de cierre de las ventanas, el predominio de la cubierta a dos aguas con la teja curva, con los condicionantes y excepciones, dado el largo proceso histórico que conforma la cultura andaluza propiamente, junto con la amplitud de su territorio, hacen que su arquitectura se diversifique en función de la ubicación, cortijos, etc. etc.  No sucede así con uno de los componentes que se considera por antonomasia típicamente andaluz: el patio.

La imagen esteriotipada del patio como espacio articulador del edificio es un referente en buena parte de los trabajos que tratan de definir la arquitectura andaluza. Sin embargo, esta afirmación, que, si seria válida para las viviendas de la alta burguesía andaluza, se hace mas cuestionable conforme se desciende en la escala social y, desde luego, es altamente improbable en las viviendas de pequeños propietarios y sobre todo, de la población jornalera que constituye la gran mayoría de la población andaluza hasta los años sesenta del pasado siglo XX.

La distribución de las dependencias, según la imagen más tradicional, se haría a partir de un patio en torno al cuál giran todas las dependencias de la casa mediante unos pasillos, quedando el zaguán o hall como espacio acotado que serviría de encuentro entre la calle y la casa. Sin embargo, este esquema no es tan sencillo. Los zaguanes cerrados de cuidados techos, puertas y zócalos en las grandes casas se irán limitando progresivamente al cierre “con puertas “o rejas.

El yeso la madera, los azulejos, el hierro forjado, el mármol y la piedra natural son básicos e importantes materiales que dejan su sello en la construcción de la casa que este libro recoge. Pero el elemento fundamental es el primer y más aprovechado recurso del arte mudéjar: el ladrillo de barro o ladrillo rústico.

Un material como el modesto polvo rojo del camino se va a convertir a través de una elaboración de firma, volumen y cocción en un material noble. Esas partículas amasadas se transforman en barro que a su vez se transformará en un ladrillo tosco, con una silueta que parece que tiene poca gracia y con un tacto recio. Es en definitiva un “ladrillo rústico “y ese nombre lo define plenamente, sin embargo, las manos del hombre lo transformaran adaptándolo a diversas formas pudiendo definir esta edificación que aquí presentamos como la “artesanía en la construcción “.

La mezcla del arte romano, gótico, la armonía mudéjar y el movimiento del barroco, ha representado una verdadera innovación en la artesanía y construcción andaluzas de los últimos años. La unión de estos estilos que se sucedieron en el sur de España a lo largo de la historia, ha hecho posible que se construyan casas firmadas y catalogadas como lo que son, autenticas obras de arte que perdurarán en el tiempo, sin olvidar la incorporación de los últimos adelantos técnicos en su construcción, si bien conservan sus elementos esenciales que las distingue de las demás casas.

Detalles

  • Dormitorios: 6
  • Baños: 8
  • ID de propiedad: La Quinta de Sierra Blanca 1
  • Precio: 10,900,000 €
  • Dormitorios: 6
  • Baños: 8
  • Aseos: 1
  • Parcela: 3807 m2
  • Construidos: 1622 m2